Artes marciales a partir de los 50?

La escena del famoso dojo de Morihei Ueshiba. Que falleció a los 86 años, y donde era capaz de vencer a hombres de la edad de sus nietos, es sobradamente conocida.

 

El brasileño Hélio Gracie, uno de los creadores del jiujitsu brasileño (BJJ), hacía prácticas diarias cuando ya era nonagenario. A saber, que tanto Ueshiba como Gracie fueron artistas marciales desde la infancia. Pero, ¿Qué hay de comenzar a practicar artes marciales después de los 50 años?

 

Cuando nos planteamos iniciar ciertas actividades a partir de los cincuenta años, nuestros seres queridos nos vienen con una respuesta que acostumbra a ser siempre la misma “no tienes edad para eso” “vigila, que te harás daño”. Entendámoslo, no es más que su preocupación para que no nos lastimemos. Pero…lo dan por hecho que sucederá, como en una profecía autocumplida, pero que nos afecta a nosotros como consecuencia de sus pensamientos. A mis 62 años, sigo curioseando, buscando quien me proporcione algo que otras no me hayan dado, por eso me he animado a escribir este artículo.

 

 

 ¿No tenemos edad para qué?, ¿hay algo para lo que la edad sea una barrera insalvable?. Nuestro cerebro puede generar redes neuronales nuevas a cualquier edad, nuestro cuerpo puede mejorar (con limitaciones) a cualquier edad, solamente aquellas circunstancias fisiológicas motivadas por lesiones o enfermedades, son las que nos pueden poner ciertos límites en todo aquello que queramos hacer.

“Para el ejercicio no hay limitación a ninguna edad siempre que la persona esté saludable”, Es lo que los médicos afirman.

 

Un estudio hecho por la publicación British Journal of Sports Medicine (BJSM) en el 2004, basado en adultos de entre 40 y 60 años de edad que practicaban el arte marcial coreano de Soo Bahk Do, similar al karate, encontró que sus practicantes “demostraban mayor capacidad aeróbica, equilibrio, flexibilidad, resistencia muscular y fuerza, y menos grasa muscular que la gente sedentaria observada de la misma edad y género”. Otro estudio del 2011 publicado en el American Journal of Geriatric Psychiatry, mostró que practicar el Tai chi puede ayudar a combatir la depresión en adultos mayores. Y como estos estudios, existen muchos otros al respecto que nos pueden ofrecer datos interesantes sobre cual es el efecto de este tipo de deportes en personas mayores o incluso con determinadas patologías, incluso las neurodegenerativas, como el Parkinson.

 

En esta ocasión hablaremos sin tapujos sobre las artes marciales y, sobre todo, si podemos realizarlas a partir de nuestros “temidos” cincuenta años. ¿Verdad que usted querido lector, no es el primero ni el segundo que se  está planteando empezar a realizar estas actividades?.

 

Parece que, llegados a cierta edad nos declaremos una especie de ultimátum como, “si no es ahora, ya no será nunca” y no debe ser así. Con las artes marciales y los deportes de combate acostumbra a suceder, ya que son considerados casi como patrimonio único de los jóvenes, aquellos que pueden caerse cien veces sin lastimarse o lanzar cientos de golpes en una hora sin agotarse. Lógicamente nuestro objetivo no debe ser ese.

 

Es una reflexión personal, pero creo no equivocarme demasiado al afirmar que un gran porcentaje de personas, sobre todo hombres, han pensado en alguna ocasión en practicar algún tipo de arte marcial o deporte de combate. Existen diversas razones por la que se escogen los deportes de combate, a nivel general y a cualquier edad, ya que generan incremento de:

•         Disciplina, respeto,

•         Confianza, seguridad en si mismo

•         Autodefensa

•         Mejora salud, calidad de vida

•         Concentración, paciencia

•         Mejora del carácter, canaliza agresividad

•         Coordinación, equilibrio

 

•         Socialización

 

Está claro que muchos de ellos son realmente positivos, sobre todo aquellos de tipo sicológico o emocional, en etapas donde se está moldeando una determinada personalidad. En las personas de cincuenta y más, hay cosas que realmente ya son complicadas de cambiar, reconozcámoslo. El que es un cafre a los cincuenta, se morirá siendo un cafre. Lo mismo perfecciona la manera de no aparentarlo… pero será un cafre. Lo positivo es que, si descarga sus malas pulgas contra un saco, mejor que hacerlo con otro congénere.

 

Solo, un cambio radical a nivel de estímulos emocionales o bien en su ambiente, provocará que se adapte a la nueva circunstancia y, por esa obligación de supervivencia, modifique algo su carácter. Pero en el fondo…

Ahora bien, vamos entonces a que beneficios encontrará la persona mayor en este tipo de actividades.

 

¿Beneficios físicos?, evidentemente. Acostumbro a decir que todo, absolutamente todo lo que hacemos fuera de nuestro comportamiento habitual suma. Aunque solo sean dos  flexiones, tres abdominales, cinco minutos estirando o cuatro kilómetros caminando. Todo ello suma a la hora de mantener una apropiada salud física. Mirad que me refiero a sumar, aunque el resultado final pueda no ser suficiente, que digo mantener, que no a mejorar y que también me refiero a salud, que no digo condición física, ya que son todos ellos conceptos diferentes.

 

Las artes marciales tienen elementos de entrenamiento que contribuyen, desde luego, a mejorar nuestra condición física. Pero lógicamente debemos de ver que tipo de disciplina nos conviene.

 

 

¿Beneficios mentales o anímicos?, pues claro. El hecho de desconectar de nuestra rutina, de nuestro trabajo o incluso si estamos jubilados, de esas obligaciones diarias que a veces no nos ponemos nosotros. Ponernos nuestra indumentaria, entras y mediante un “mokuso” (ligera meditación al empezar la clase) le das al interruptor, y durante una hora centrarnos en estar allí  en el “dojo”, solo allí, ya resulta algo muy valioso. Nuevos amigos, nuevas cosas a memorizar, a interiorizar, eso es trabajo para nuestras neuronas y nuevas redes neuronales formándose para realizar movimientos nuevos. Un superestimulante desafío para nuestro cerebro.

La seguridad de saber defenderse. Es una parte innegable de todo arte marcial. Como seres humanos deseamos siempre disponer de cualquier mejora de la autoprotección que pueda suponernos.

 

La lucha es algo muy ligado a nuestro comportamiento “animal”, podríamos decir que, en el fondo de nuestro subconsciente,  desearíamos  estar preparados para la lucha ante cualquier situación, ya sea para defender nuestras personas queridas o nuestros objetos de valor.

 

Nuestro cerebro reptiliano se encarga de recordarnos que ante determinadas situaciones debemos sobrevivir y para ello solo hay dos opciones, huir o luchar. Es posible que nuestro ego o estupidez no nos permita huir, ¿por lo tanto?. Estamos en una sociedad donde no existe un completo nivel de seguridad, donde la presencia policial no es permanente, a todas horas y en todos los lugares.

 

Donde siempre existe y existirá gente que está dispuesta a conseguir de otros lo que deseen, ya sea a nivel monetario, o personal, por el medio que sea.  En nuestra evolución, seguimos teniendo depredadores, solo que son de nuestra misma especie animal. Y además esos valientes siempre elegirán antes como víctima a un “viejete” canoso y con barriguilla, que a un joven musculoso de 25 ¿no?.

 

 

Pero ¿son todas las artes marciales iguales?¿trabajaré del mismo modo? ¿son inocuas?, pues No, No y NO. Las diferencias son tales que si te equivocas puedes acabar roto, lesionado, desilusionado, hasta te diría que cabreado y encima abandonar todo aquello que tanta ilusión te hacía desde hacía años. Por tanto la búsqueda de cual es el deporte o actividad de combate te conviene debe ser paciente y cuidadoso.

En un artículo de la Asociación Americana de jubilados-AARP- Stephen Whittier, quien enseña jiujitsu brasileño y boxeo tailandés en su escuela en Wareham, Massachusetts. Dice algo muy correcto “ empieza a practicar por cualquiera de los motivos que quieras, pero  siempre y cuando tengas entrenadores inteligentes y compañeros de entrenamiento que respeten y se acomoden a tus objetivos personales”.

 

Hablad con vuestro entrenador y explicarle vuestras limitaciones y expectativas. Ahora ya no es como antiguamente, me contaba mi amigo Dario Nieves, uno de los primeros cinturones negros de Kendo españoles, que allá por finales de los setenta su maestro (japonés, por supuesto) tardó dos años en dirigirle la palabra.

 

 

¿Qué quiero decir con ello? Que incluso en el mismo método, el profesor independientemente de los “danes” que tenga en su cinturón, puede marcar mucho la diferencia, tanto en un sentido como en otro. Mis hijos empezaron practicando Judo en el mismo gimnasio durante años, con un profesor se medio aburrían, con otro estaban deseosos de ir cada día, pero con otro acabaron dejando las clases ¿se entiende?. Los adultos además valoramos mucho más la practicidad y no estamos por tonterías, con lo cual seleccionemos bien y con tiempo.

Las experiencias de las personas que han comenzado en edades avanzadas , vienen a convertirse en recomendaciones:

 

  • Consulta con un médico antes de iniciar cualquier programa de ejercicios.
  • Las artes marciales pueden ayudar a mejorar tus condiciones físicas, pero también pueden producirte lesiones, invierte en buenas protecciones
  • Visita varias escuelas antes de decidirte por una. Conversa con los instructores y fíjate si el ambiente es amigable, higiénico, seguro y divertido (sin llegar a ser una pachanga).
  • El instructor debe saber crear un plan según tus necesidades y limitaciones. Tu crecimiento dentro de las artes marciales debe ser más gradual que el de los quinceañeros.
  • Siempre confía en la técnica y en la estrategia (que te otorga la experiencia), más que en la fuerza.
  • El compañero es tu juguete, no lo rompas o ya no podrás jugar

¿Debemos entonces escoger actividades “ligth” con poco riesgo? Primeramente, deberemos decir que no existe ninguna de estas actividades que entre en la categoría de “ligth”. Otra cosa es que su instructor considere que deben realizarse las técnicas a inferior intensidad de lo habitual. Pero incluso una aparentemente simple rutina de Tai Chi, puede resultar agotadora si se realiza de la manera apropiada.

 

 

Otra cuestión a tener en cuenta, muy ligada con la primera recomendación es ¿mis lesiones o enfermedades me permiten realizarlo con seguridad? Esta claro que si tienes una lesión severa de espalda, posiblemente no debieras estar una hora dándote barrigazos. Por ese mismo motivo abandoné mis clases de jiu jitsu y de la Bujinkan, mi hernia discal L5-S1 no me permitía estar acabando en el suelo en cada movimiento. Pero me dedique a otras cosas en las que procuraba estar más tiempo de pie.

El hecho de abordar los rodamientos o caídas, a pesar de que existen técnicas efectivas para reducir su impacto, son elementos a tener en cuenta. Sobre todo mientras no se dominan correctamente. No somos un niño (de goma)  que aprende con diez años a caer y que ya lleva cincuenta años cayendo, sino que nos planteamos empezar a caer de forma repetitiva a los cincuenta, posiblemente con un problema de baja densidad ósea asociado, tengámoslo en cuenta.

 

Sin embargo, si no existen esas limitaciones, artes como Judo, Jiu-Jitsu, BJJ, Aikido, Hapkido Coreano, son muy técnicas y apropiadas por el control corporal que precisan. Eso sí, siempre acabarás en el suelo.

 

 

Para aquellos que quieren ver las cosas desde una posición más erguida, están las actividades denominadas “de golpeo”, como karate, Taekwondo, kung fu, Kenpo, donde habitualmente se trabajan combinaciones de golpes de manos, codos, rodillas, pies, etc. y en ocasiones puntuales, todo ello dependiendo de las escuelas algún que otro “barrido”. Existen multitud de estilos, unos con aplicación más deportiva que otros.   En la mayoría de ellas se trabaja sin contacto, es decir, el golpe se “marca”, finalizando a cierta distancia del objetivo, pero no acaba de impactar en el adversario/compañero. Pero ojo, que lo mismo acabamos en un dojo de al lado de nuestra casa , que casualmente es de la escuela Kyokushinkai  y nos ponen marcando a la primera de turno, por eso mejor ir a mirar primero una clase o incluso probarla si nos ofrecen una gratuita.

 

Con relación a estas actividades, está claro que debéis olvidaros de conseguir esas espectaculares patadas que salen en las pelis, ya bastante suerte tendréis si no os pega un tirón al dar una a la altura de la cadera. Tenéis unas limitaciones en cuestión de flexibilidad y elongación importantes, sobre todo si no lo habéis estado haciendo desde hace años. Y además es una cualidad complicada de desarrollar a partir de cierta edad, con lo cual conformaros con patadas a las “partes bajas”. Si tu objetivo es diversión, aprendizaje y ejercicio, debes evitar entrenar con alguien a quien sólo le interese pelear competitivamente. Esto hay que dejarlo claro, ya que el fragor de la batalla, que casi todos hemos sentido, nos arrastra a la inconsciencia. Concéntrate más en aprender que en ganar, ya que una rotura fibrilar o un problema articular a nuestros años tarda en curar, eso si no nos hace pasar por quirófano. Consecuencia: perdemos más de lo que hemos ganado.

Pero queremos ir más allá de la “kata” o “poomse” y las combinaciones al punto. Queremos ponernos unos guantes para darle duro al saco y …porque no, de vez en cuando a algo de carne y hueso que se mueva. En ese caso debemos pensar en actividades como son el Full contact, Muay Thai, Kick Boxing, Kenpo en su vertiente de contacto, o incluso el Boxeo. No son nada blanditas, pero tampoco suponen, al menos para nosotros, que tengamos que estar constantemente metidos en un ring dándonos guantazos. Tienen un trabajo físico de resistencia que llega a niveles anaeróbicos durante un round de dos minutos, por ejemplo.

 

El trabajo técnico es importante, de coordinación de diferentes tipos de ataque, esquivas y lo podemos aplicar lanzando golpes al aire (sombra), en saco, sobre pads (almohadillas) de nuestro compañero o entrenador, etc. Inconveniente relativo: un meneo suave a la cabeza con un guante de 12 onzas, hace ver los pajaritos, sobre todo si no se ve venir. Consejo: Si decides hacer combate, ponte casco, protector bucal y aprende a taparte bien con la guardia. Siempre podremos pactar la intensidad del combate con nuestro colega. Tened en cuenta que, tradicionalmente, tienen más lesiones por golpes que se escapan accidentalmente aquellas artes que no utilizan protecciones en sus prácticas.

 

 

Muchas de ellas conllevan también elementos digamos…espirituales, que provienen de las filosofías orientales y nos pueden ser beneficiosas a la hora de buscar nuestra “paz interior”. Si Nos atrae esta vertiente y buscamos profundizar en ellos, con elementos de tipo meditación, canalización de energías, Qi, etc, tenemos algo en todas las artes de origen japonés o chino. En particular, como arte marcial más “energética” tenemos al Tai chi, al que ya dedicamos un artículo en esta web. 

Para los más tradicionales, se pueden valorar aquellas que disponen de apartados enteramente marciales, diría yo. Donde no solamente se trabaja a “mano vacía”, sino que se incorporan armas procedentes de aquellos años en que se daban de leches los guerreros orientales. Me refiero al Kobudo con su repertorio tradicional de armas desde el nunchaku al yawara (pequeño cilindro de madera), el Kenpo con un repertorio similar, el Aikido se relaciona mucho con el bo (jo) el bokken (la espada de madera) o incluso el kendo y el iaido (espada de verdad, ojo). Kung fu y Wu shu, tienen la vertiente china de estas armas. Si quieres algo muy extraño de encontrar en España, busca la “canne” de Savate, un arte marcial francés que además de puños y piernas, también utiliza el bastón. No hay muchos gimnasios, pero la Bujinkan siempre me gustó, je, je, los ninjas  y su completísimo arsenal no te defraudará, siempre han resultado atractivos a los de mi generación.

 

 

Dejo para el final algunas actividades que no son eminentemente deportivas, pero que precisamente por ello pueden resultarnos atractivas. Está claro que todas las anteriores artes marciales independientemente de su origen, tienen una aplicación a la defensa personal. Pero, desde hace muchos años, ha existido la insistente búsqueda de la técnica de auto defensa ideal. Aquella que deja de lado los conceptos de honor, ética y deportividad. Los que llevamos un tiempo en esto lo tenemos claro “ la mejor técnica de autodefensa es no estar en el momento y lugar del conflicto” o  dicho de otro modo, No se trata de saber pelear, sino saber cómo no hacerlo. 

Pero, toda prevención ha fallado ¿y si tienes que luchar?. Para eso, para disminuir de alguna forma el casi inevitable riesgo de salir golpeado o acuchillado, existen técnicas que mezclan conceptos marciales, con otros procedentes de estrategias psicológicas o incluso desarrollo de nuevos conceptos técnicos que suponen una mayor efectividad a la hora de aplicarlo al enfrentamiento real.

 

Son técnicas que tienen un objetivo, sufrir el mínimo daño, dejar inoperativo a tu oponente, y facilitarte la huida. En la vida real no hay palmeos en el suelo, ni árbitros que paren peleas, ni puntos que perder. Si decides luchar y pierdes, puedes perder algo mucho más importante que la cartera. Debes tenerlo muy en cuenta antes de liarte en ese tipo de enfrentamientos.

 

Entre estas actividades, tenemos la propia especialidad de defensa personal derivada de Jiu Jitsu o del kenpo, el Krav Maga israelí como método de moda, Keysi  Fighting Method, Defence lab, o incluso el propio Ninjitsu de Bujinkan, donde además hay un factor tradicional importante. Precaución: su aplicación a la realidad conlleva que se desarrollen en condiciones próximas a la realidad, eso es duro física y mentalmente. No son lo mas apropiado para quien busca relajación y la paz Zen.

 

 

¿Existen más métodos? Pues claro y muy interesantes algunos, prácticamente cada país tiene el suyo, pero… ¿no crees que con esto ya tienes suficiente para empezar?. Con 50 y más puedes y te recomiendo, empezar a practicar artes marciales, desde luego.